jueves, 22 de mayo de 2008

Pon las cosas en el vehículo!!

CON LA CASA A CUESTAS ... O CASI
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Una de las primeras cosas que sorprenden al llegar a Thailandia son los curiosos métodos que utilizan para transportar todo tipo de productos, e incluso a la familia entera.
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La principal razón son los precios de los automóviles aquí en Thailandia, que no distan mucho de los precios en Europa, mientras los sueldos son muy inferiores a los europeos.
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Para haceros una idea, con lo que cuesta un coche de gama media-baja, podría comprarse aquí un pequeño apartamento a las afueras de Bangkok, y por el precio de un automóvil de gama media-alta se podría comprar una casa.
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Evidentemente la clase alta dispone de uno o más coches, e incluso la clase media, aunque en la mayoría de casos, sea pagándolo a plazos, ya que además de un medio de transporte, aquí es un símbolo de status social.
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Pero no ocurre lo mismo con la clase trabajadora, para muchos de los cuales un automóvil es un lujo inalcanzable, además supondría un gasto mensual importante (mantenimiento, gasolina, seguro, ...). Sinembargo esto no les impide transportar sus mercancías de la forma más cotidiana y natural.
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Como muestra, ahí van unas fotos...

Telepizza! Ah , no, perdón, Tele "Pig" S.A.

Último modelo de Vespino con Aire Acondicionado

Este bus va lleno, mejor esperar al próximo

Manda huevos!!

Modelo con amplio retrovisor...

Vespino con portaequipajes

Este ha montado unos retropropulsores

"Kentucky Live Chicken" a domicilio!


Proximamente más modelos...

viernes, 16 de mayo de 2008

Para mearse ... de risa! (Parte 1)

CON SENTIDO DEL HUMOR UNO SE RELAJA Y ES MÁS FACIL ... ¿O NO? (Primera Parte)



Hoy, sin ánimo de parecer escatológico, os traigo una recopilación de anuncios gráficos colocados en aseos públicos de Bangkok, y en el siguiente post os mostraré algunas de las bromas más desternillantes realizadas en aseos de otros países, como Japón.

En algunos lavabos de mujeres en Bangkok (mejor no me preguntéis cómo lo se) podemos ver los siguientes carteles:









Cuando me sacaron a bolsazos de los lavabos de mujeres, y llegué a los lavabos de hombres, esto fue lo que encontré:










Días más tarde, me disponía a tomar un avión e hice mi visita de rigor a los lavabos, en este caso a los de caballeros, pues en el aeropuerto no está el horno para bollos con tanto control de policía, allí esto fue lo que me sorprendió ...





He encontrado una versión Occidental, para que no pensemos que sólo los thailandeses son tan ocurrentes (o tan retorcidos) ...



El siguiente aseo de caballeros ha sido propuesto para el mejor diseño del año. De todas formas, como la mayoría del jurado son mujeres, dudo que salga adelante...



Disculpadme, pero lo tengo que dejar por hoy, pues me han entrado unas ganas tremendas de ir a mear...

martes, 13 de mayo de 2008

Bienvenido al Club!



MEJOR TENER UN KATOEY DELANTE ... QUE TENERLO DETRÁS!


Había oído antes la expresión "Mejor tener un Katoei delante que tenerlo detrás" en boca de algunos amigos. Finalmente, y después de varios años, he conseguido entender a qué se referían mis amigos cuando me hacían estos comentarios, ya que si está detrás te puede robar la cartera... O no se referirían a eso? (katoey es el nombre que se da en Thailandia a los "ladyboys" o transexuales).


El otro día me llamó mi amigo Dani apesadumbrado, había pasado a formar parte del selecto Club Thailandés "Españoles Desposeídos de su Cartera por un Katoey", pero en vez de entrar en el Club por la puerta grande y con la alegría de sentirse miembro respetado y de pleno derecho de este selecto Club, me hablaba con pena y algo de resquemor.


Poco después entendí su descontento, se la habían robado justo antes de pagar las copas en una conocida discoteca, y al pasarle la generosa cuenta de las mismas y éste contarles su historia, los camareros le habían obligado a lavar las copas y ceniceros durante toda la noche. Y eso no fue lo peor, comentaba Dani, lo malo fue que al llegar a casa, todo él, y no es pequeño precisamente, desprendía un cierto efluvio, bueno seamos francos, más bien un tremendo pestazo, a alcohol y a tabaco, cosa que su mujer no acabó de asimilar como relacionado con un robo, sino más bien con una noche treméndamente loca. Y creedme, sólo hay algo peor que una tremenda bronca de la mujer de Dani por haber pasado una noche loca, y es que encima no haya existido tal Fiesta, y que el pobre pasase la noche entre el office de la discoteca lavando vasos, y la comisaría denunciando el hurto e intentando explicar al mismo tiempo el porqué de su olor corporal a carajillo de Baileys ...


Yo como socio fundador de este selecto Club, nacido ahora hará unos 6 meses, le di la bienvenida y su carnet de socio con el número 372, y de paso intenté animarlo un poco:
- piensa en lo que te vas a ahorrar a partir de ahora, le dije.
- no entiendo, me contestó.
- por un lado, en copas, ya que en la disco seguro que no te dejan volver a entrar, además tu mujer no te va a dejar salir de casa después de lo de la otra noche, y por si fuera poco, a partir de ahora ya no necesitas pantalones con bolsillos traseros ya que no volverás a meter la cartera en dicho lugar.


La verdad es que Thailandia es uno de los lugares más seguros que he conocido, en parte por su concepción de la religión budista y de la vida misma, como una secuencia de reencarnaciones acordes con lo bueno o malo que hayas sido en la vida precedente, y por otra parte, aunque no menos importante, por las duras penas que tienen establecidas para los delincuentes.


Me hace gracia leer en algunos medios británicos o americanos las advertencias acerca de la inseguridad ciudadana en Thailandia, un País en el que ha sido noticia el asesinato de 5 o 6 extranjeros en los últimos 10 años, y donde algunos de los culpables de estos asesinatos han sido condenados a muerte o bien encerrados para toda la vida. Lo que yo recuerdo de Londres, Brighton, Nueva York, Las Vegas, Los Ángeles, etc. es que por la noche es mejor no salir y mucho menos solo, y en depende que barrios mejor ni por el día.


En sucesivas estancias cortas en dichas ciudades, rara ha sido la vez que no haya leído la noticia sobre el asesinato de algún foráneo coincidiendo con mi visita, por lo que o bien la inseguridad ciudadana en cualquiera de estas ciudades (y otras muchas ciudades occidentales) deja mucho que desear, o bien soy un poco gafe, o bien soy un psycokiller en mis ratos de ocio...


En cuanto a robos con violencia en Thailandia, de pocos casos he oído hablar y poco he leído sobre estos actos en la prensa. Si hablamos de pequeños hurtos la cosa cambia un poco, si bien pienso que ocurren con muchísima menos frecuencia que en los Países Occidentales.


De todas formas, si salís de fiesta por la noche en Thailandia, poned la cartera donde la pondríais en Occidente (en el bolsillo delantero), no os olvidéis de la expresión "mejor tener delante un katoey que tenerlo detrás", y disfrutad de la noche thailandesa

Así se quedó el pobre policía (que no su mujer) tras oir la historia de Dani

viernes, 9 de mayo de 2008

Las mujeres más hermosas ... o no

HISTORIAS DE TRANSEXUALES - Texto de Tiburcio Samsa extraido de su blog: http://asiabudayrollitosprimavera.blogspot.com/


La buena noticia para los hombres en Thailandia es que el país está lleno de mujeres hermosas. La mala noticia es que cuando te encuentras con una mujer alta, muy femenina y con pechos exuberantes lo más probable es que se trate de un transexual (katoey en thai).

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Aquel británico tenía en Phuket el bar de chicas más peculiar que haya conocido nunca: no tenía chicas. Eso había sido una imposición de su mujer thailandesa. Como al menos su mujer sí que le permitía seguir vendiendo cerveza, me pasé algunas noches por su bar. Las ventajas de ser el único cliente era que podía elegir la música que escucharíamos y que tenía derecho a la atención exclusiva del dueño del bar. Por suerte era un gran conversador y estaba lleno de anécdotas.
Mi favorita era la del británico que solía frecuentar un bar de transexuales y se enamoró de uno. El amor era mutuo. Un día, la transexual, le dijo: “Estoy ahorrando para operarme de abajo. Cuando lo haga, nos casaremos y tendremos niños”.
Resultaba evidente que la transexual había hecho novillos durante las clases de anatomía en el colegio.

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Eran dos cordobeses muy simpáticos. Llevaban unos pocos días en Bangkok y me estuvieron contando lo que se lo estaban pasando. Justo la noche anterior habían estado en un bar muy divertido del soi Nana. Estaba intentando recordar a qué bar se referían, cuando caí en la cuenta: “Ah sí, ya sé a qué bar os referís. El de las transexuales, ¿verdad?” Les cambió la cara. Tras un momento de silencio, se pusieron a hablar del tráfico en Bangkok.

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Aquel norteamericano era realmente perverso. Cada vez que le llegaba una visita de Estados Unidos, el primer día se la llevaba a un bar de Silom que estaba lleno de katoeys. El visitante llegaba con jet lag y con sueño y de pronto se encontraba con una cerveza en las manos y rodeado de mujeres altas y femeninas, dispuestas a lo que fuera. Cuando el visitante ya iba por la tercera cerveza y la décima exploración bucal y táctil del katoey que se le hubiera apalancado, el norteamericano le preguntaba con un tono neutro: “Por cierto, te has dado cuenta de que todas aquí son transexuales, ¿verdad?”

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Durante varias semanas estuvimos yendo a aquel restaurante y por más que lo discutíamos nunca llegábamos a tener la certeza de si aquella camarera era un “katoey” o no. Argumentos a favor de que era un “katoey”: su voz, extremadamente grave; la proporción torso/caderas, que era la de un hombre; medía más de un metro setenta y cinco. Argumentos a favor de que era una mujer: su rostro era muy femenino; no se le notaba la nuez; ni sus brazos ni sus piernas tenían una musculatura masculina. Había un factor adicional, que nunca pudimos determinar si inclinaba la balanza en un sentido o en otro: no tenía tetas. Unos decían que eso era una prueba más de que era una transexual. Otros decían que al contrario, que lo primero que hace una transexual es colocarse unos pechos, que parece un airbag con piernas; si no tenía tetas, era porque se trataba de una mujer.
Un día decidimos celebrar un debate final. Los nueve que habíamos estado discutiendo la cuestión durante semanas nos fuimos al restaurante y pasamos la comida ponderando las dos posturas. A los postres votamos. Por cinco a cuatro salió que era “katoey”. O sea, que al final resultó ser una transexual, pero por poco.

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Era un hombre maduro, elegante y culto. Le acompañaba una transexual de facciones muy finas. El hombre me contó la historia: “Era de noche. Iba caminando junto al río, cuando le vi haciendo la calle. Hubo algo en su cara que me atrajo. Le invité a cenar. Durante la cena noté que tenía una sensibilidad fuera de lo común. Pensé que sería una lástima que tanta sensibilidad y tanto potencial se echaran a perder en un sito tan sórdido. Le dije que se viniera conmigo a Europa y aceptó.”

Antes de separarnos, el hombre me sacó una foto con su cámara digital. Dijo que quería hacerme un retrato.

La noche siguiente volvimos a quedar. El hombre me entregó mi retrato. “No encontré pintura y lo he tenido que hacer con el maquillaje de mi compañera”. Los colores escogidos eran un poco peculiares, pero el parecido era perfecto. Lo había pintado sobre dos cartones que había unido con pinta de embalar. La línea de unión entre los cartones cortaba mi frente en dos partes iguales.
“Ahora eres como Velázquez”, me dijo.

- ¿Cómo Velázquez?

- Para pintar “Las Meninas”, Velázquez tuvo que unir dos lienzos, como yo he hecho con estos dos cartones. La línea de unión de loos lienzos pasa por su cabeza. Era su manera sutil de decir que estaba hasta el gorro de ser pintor de cámara.

Me gustó la metáfora. Soy como Velázquez. Yo también estoy hasta el gorro.

jueves, 8 de mayo de 2008

Maestros de la Publicidad ...

THAILANDIA DISPONE DE ALGUNOS DE LOS MEJORES CREATIVOS PUBLICITARIOS DEL MUNDO


Desde Thailandia os traigo un par de anuncios de televisión, para que los disfrutéis y de paso, para probar la publicación de videos en el Blog.




Este primer anuncio enlaza tres pequeñas historias cotidianas, con el lema: Para esas pequeñas alegrías que da la vida ... al menos aquí en Thailandia:
1.- La llegada del ansiado viernes
2.- Encontrar una plaza libre de aparcamiento
3.- Encontrar una pata de cangrejo escondida en un delicioso plato thailandés que se llama Cangrejo con Vermicelli (finísimos fideos de arroz).
Lo más gracioso es que los thailandeses tienen realmente este carácter y, aunque no suelan saltar de alegría como en el anuncio (son bastante tímidos), son muy agradecidos con las pequeñas alegrías que les da la vida ...

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Este otro no tiene desperdicio, es de una marca de Atún bajo en calorías...

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El tercero y último por hoy, es de una marca de tarjetas monedero (para realizar pequeños pagos en tiendas).

Un graciosillo entra a comprar una golosina en una tienda y la paga con un billete de 1.000 baths (unos 20 Euros al cambio), en un principio el vendedor parece no disponer de cambio, pero finalmente ...

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Próximamente más ...

miércoles, 7 de mayo de 2008

Temblad con esta competencia ...

THAILANDIA, DONDE LA REALIDAD (SIEMPRE) SUPERA LA FICCIÓN

Desde Barcelona, mi amiga Anna me envía, no sin cierta resignación, estas fotos de un concurso celebrado en Thailadia.









Desde aquí, quiero tranquilizar a Anna, ya que tras ponerme en contacto con los organizadores del Concurso para intentar conseguir algunos teléfonos (por suerte, a mí no me cae tan lejos), me he llevado el gran chasco de saber que se trata del concurso para la Elección de Miss Katoey, o lo que es lo mismo en inglés, Miss LadyBoy, o en Español, Miss Transexual ...




martes, 6 de mayo de 2008

Los japoneses, esos "pequeños" desconocidos...

LOS JAPONESES Y EL SEXO - Texto de Tiburcio Samsa extraido de su blog: http://asiabudayrollitosprimavera.blogspot.com/


El que inventó el adjetivo “morboso” seguramente estaba pensando en la relación que los japoneses tienen con el sexo.

De que son un poco raritos, me di cuenta por primera vez un día que coincidí con un japonés en un barco. Cuando se enteró que yo venía de Bangkok, me preguntó: “¿Cuánto… una mujer… en Bangkok?” Aún no sé si las pausas eran porque su inglés era muy malo o porque tuvo un orgasmo al pronunciar la palabra “mujer”. Con gran entusiasmo y mal inglés me explicó cómo eran las cosas en Tokio. Llegué a enterarme de que por 80 dólares tienes derecho a media hora de… ¿qué te corten el pelo? ¿qué te toquen los huevos? No había manera de entenderlo. Si era lo del corte de pelo, me parece muy caro. Si era lo de los huevos, he tenido muchos jefes que me los han tocado y no sólo no he tenido que pagar, sino que he recibido dinero en la operación. En fin, creo que nunca me enteraré de lo que ocurre en Tokio a los varones que disponen de 80 dólares y media hora de tiempo.

Más tarde he ido descubriendo otros detalles que me han confirmado en la idea de que son algo raritos en lo relativo a la bragueta. No hay más que ver cómo en todas las series animadas japonesas siempre aparece alguna colegiala minifaldera, exhibiendo piernas largas y esbeltas, es decir, el tipo de piernas que no se ven en Japón. En Tokio hay burdeles que son como parques temáticos del sexo. El cliente va y quiere tener una fantasía en la que la azafata de un avión le acosa sexualmente, pues bien, se le lleva a un decorado y por un precio parecido al de un billete de avión Tokio-Paris, puede escenificar su fantasía. Y ya, en el colmo, allí donde el fetichismo y la falta de higiene se entremezclan, hay mercados en los que se puede comprar ropa interior de adolescentes de segunda mano a precios de lencería parisina de la fina y de primera mano.

También la literatura japonesa tiene ejemplos morbosos que no creo que tenga ninguna otra literatura. Por empezar suave, en “Diario de un viejo loco” de Junichiro Tanizaki, tenemos la historia de Utsugi, un septuagenario al que le atrae su nuera. Me corrijo, no es que le atraiga, es que le pone cachondísimo. Hay algunas escenas en las que él ve cómo su nuera se ducha y a través de las cortinillas a veces tiene visiones fugaces de un hombro o un tobillo, que están llenas de erotismo. Tal vez, lo más morboso sea su deseo póstumo de que su nuera se impregne de tinta las suelas de los pies y deje su huella marcada en dos papeles chinos. Dice el cachondón Utsugi: “Quiero tener una Piedra con las Huellas de Buda esculpida sobre el modelo de tus pies, Satsu. Cuando muera, mis cenizas descansarán bajo esa piedra. Ése será mi nirvana.” No está mal. Toda la eternidad bajo los pies de la deseada. A ver quién mejora eso.

Lo mejora Ogai Mori (1862-1922), quien en “Vita sexualis” relata los inicios sexuales de un chico que podría ser él mismo. Su descubrimiento ocurre viendo libros de estapas, o sea, el “Play boy” de aquella época. Aunque no fuera lo suyo, también conoce pronto el acoso de un admirador homosexual, que solía invitarle a pasar a su casa al regreso del colegio. Una de las escenas tiene un candor inigualable: “Un día cuando pasé por su casa, descubrí la cama hecha. Su comportamiento fue mucho más molesto de lo que había sido nunca antes (yo habría escogido el adjetivo “alarmante”) (…) Finalmente me dijo: ¡Por favor, métete en la cama y duerme conmigo aunque sólo sea por un segundo!” (Debía de ser eyaculador precoz). A los quince años la madrastra de un compañero intenta seducirlo, tres años más tarde la frustrada seductora es una criadita de catorce años… La sensación final que deja el libro es la de que el autor siente tanto morbo como respeto por el sexo y no deja de retrasar el momento de perder la virginidad.

Pero hete aquí, que viene otra vez Tanizaki a elevar el listón del morbo con “Un retrato de Shunkin”. En él cuenta la historia de la maestra de música Mozuya Koto, alias Shunkin. Shunkin procedía de buena familia y a los ocho años quedó ciega. Su familia la pone a recibir clases de música y coloca a su disposición a un servidor pueblerino, Sasuke, quien desde el inicio la adora. Sasuke entendía que debía cumplir todos los deseos de su señora, lo malo es que los cumplía sin condón y pasó lo que pasó. Sasuke y Shunkin no vivieron como marido y mujer, sino como señora y criado. Los hijos que tuvieron los entregaron a familias para que se ocuparan de ellos, como para que nada rompiera la ficción de que entre ellos dos no había vínculos conyugales. Cuando Shunkin tenía treinta y seis años, una noche un intruso entró en su casa y le echó cera ardiente para desfigurarla. Como Shunkin era una maestra severa, e incluso colérica, la lista de posibles sospechosos es larguísima. Durante su convalecencia Shunkin permaneció en una habitación oscura. Sasuke entendió que no quería que él la viera desfigurada. ¿Qué hacer? ¿Buscar los servicios de un cirujano plástico? ¿Contratar una criada? No olvidemos que Sasuke estaba muy enamorado y era japonés. Cogió una aguja, se perforó los ojos y fue a anunciárselo a su amada, afirmando humildemente que eran cataratas: “¡Señora, yo también me estoy volviendo ciego! Ahora nunca veré su cicatriz mientras viva. Qué suerte que la ceguera me haya llegado en este momento. ¡Debe de ser la voluntad del cielo!” Tanizaki, retorciendo un poco la historia, se pregunta si en el fondo Shunkin no deseaba la ceguera de Sasuke y, conociendo su devoción, no le había incitado a ella. Da lo mismo. Para Sasuke el momento más feliz de su vida fue el silencio de Shunkin que siguió a la noticia.

Yukio Mishima en “Confesiones de una máscara” alcanza nuevas cotas de morbo. En la primera mitad de la novela el protagonista cuenta las cosas que le ponían de niño y si un niño de hoy en día lo contase a sus padres, al día siguiente estaría en el psicoanalista. Por ejemplo, altera una historia de un príncipe que se enfrenta y mata a un dragón, para que termine de esta manera, más grata a sus gustos: “… el dragón masticó al príncipe en pedacitos. Fue casi más de lo que podía resistir, pero el príncipe hizo acopio de todo su valor y soportó la tortura hasta que hubo hecho briznas de él. Entonces, en un instante, se hundió en el pozo y murió.” También le gustaba imaginarse muriendo en una batalla. De adolescente, se enamora de Omi, un chico algo mayor, y el gran momento erótico viene cuando, en una clase de gimnasia, le ve los sobacos llenos de pelo. No especificaba si “cantaban”. Más tarde se masturba en una playa, mientras recuerdo los sobacos de Omi. Y yo que me creía raro porque me ponen las elefantas en celo.

Afortunadamente tenemos a alguien capaz de superar el morbo de Mishima. ¿Quién? Efectivamente, Junichiro Tanizaki. La obra es “La historia secreta del Señor de Musashi”.

La obra arranca con Musashi de adolescente en el castillo del Monte Ojiva, que estaba siendo asediado. Ya que no puede participar en los combates por su edad, una anciana decide compensarle permitiéndole ver cómo se preparan las cabezas de los enemigos caídos para su presentación al comandante del castillo. Tanizaki describe: … el contraste entre las cabezas y las tres mujeres despertó una extraña excitación en él. Comparadas con la palidez de las cabezas sin vida, las manos y dedos de las mujeres parecían extrañamente vitales, blancos y voluptuosos. La experiencia le gusta y a la noche siguiente repite y de nuevo se apoderó de él una ebriedad embriagadora, un éxtasis violento que desgarró su corazón. Esto es fetichismo y lo demás son tonterías. Una de las jóvenes que limpian las cabezas le atrae especialmente a Mushasi quien envidió a la cabeza situada delante de la joven (…) No es simplemente que envidiase a la cabeza porque la joven le estuviese componiendo el cabello, afeitando o mirándola con esa sonrisa cruel; quería que le matasen, que le transformasen en una cabeza con una expresión de agonía, que fuese manipulada por las manos de la joven. En fin, lo que para unos son sueños eróticos, para otros son pesadillas. Los japoneses son un poco raritos.

lunes, 5 de mayo de 2008

Encuentro con Tiburcio, mi viejo amigo



MI AMIGO TIBURCIO


Ayer me encontré con Tiburcio. Bueno, de hecho nos reunimos unos cuantos amigos residentes en Bangkok para celebrar mi cumpleaños, y apareció él, enorme, jovial, imponente, además llevaba una trompa ... de elefante, ya que Tiburcio es un elefante.
Al principio tuvimos problemas para que accediera a la fiesta, pero por suerte pudo subir por el montacargas, no sin que yo tuviera que dar mil explicaciones al portero del edificio.

Tiburcio, además de elefante es escritor en sus ratos libres, y aunque en este caso no puede ser cyberpersona, me comentó que entre los elefantes también se estaba poniendo de moda lo de los blogs, por lo que decidió montar el suyo propio, antes de que fuera ignorado por los de su especie:

http://asiabudayrollitosprimavera.blogspot.com/

La verdad es que su blog me cautivó hasta el punto que decidí tener el mío propio. Si hasta mi amigo elefante tenía uno, cómo podía yo mantenerme al margen de las tendencias paquidermas.
Evidentemente mi blog está a años luz del de Tiburcio, entre otras muchas cosas, por razón de peso. ¡Que se lo pregunten al montacargas!

Aprovechando que mi amigo se añadió a la fiesta, y como compensación a que acabara con mis reservas para todo el año 2008 de cerveza "Chang" (No veas como bebe un elefante cuando le pones delante su cerveza favorita), le pedí un favorcillo... le dije que me gustaría añadir algunas de las entradas de su blog en el mío, para darle un poco de consistencia inicial, y de la buena además.

Supongo que en parte por el estado etílico de la velada, en parte por miedo a que le pasara la cuenta de las cervezas consumidas, accedió sin problemas.

Desde aquí quiero agradecérselo, y de paso recordárselo, por si su estado etílico de ayer le hubiera hecho perder la memoria de lo ocurrido y quisiera ponerme una denuncia ante de Sociedad General de Autores Paquidermos (SGAP). Ya que todos sabemos la guerra que están dando en España los de la SGA estos últimos años, no quiero ni imaginarme a los de la SGAP yendo a por mí...

Foto de mi amigo Tiburcio Samsa (es de hace unos años, pero es muy coqueto y no quiere que ponga una actual más entrado en kilos)